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Encuentro.

Era una  de esas tardes lluviosas y frías que solo te hacen  pensar en una taza de café, no era una lluvia fuerte, pero si constante, de esas que al principio intentas ignorar, y al momento siguiente te tienen empapado; mis ojos buscaron con ansiedad por  alguna cafetería, las estrechas calles de aquella vieja ciudad estadounidense lucían más grises y tristes que de costumbre, algunas luces del alumbrado público se empezaban a prender, la noche y la lluvia  poseían poco a poco las viejas edificaciones, y los pocos transeúntes que se podían ver en las aceras, buscaban el refugio de algún bar o cafetería al igual que lo hacía yo, la tarde se resistía a morir del  todo y con los últimos rayos de un sol malhumorado de invierno, todavía delataba algunas negras y espesas nubes, que como gigantescas aves prehistóricas sobrevolaban la inerme y apabullada ciudad, las luces de algunos autos que circulaban las mojadas calles intentaban sin mucho éxito...

Rescate en el tiempo.

Don Tino sabía muy bien que con cada trago a su botella de aguardiente , se bebía sus días, los muchos o pocos que le faltaran, pero ya no le importaba, la caña brava destilada era más dulce que sus horas amargas en el mundo. En los días más calurosos del verano sus huaraches -más cansados que sus pies- bebían el polvo del camino reseco que abandonaba el pueblo por el oeste, el mismo camino que recorría el sol en su paso por aquel pueblo del trópico, acompañado de su adorada botella y de ‘’jurgo’’ su inseparable perro y amigo, se internaba en el monte espeso y poco frecuentado, para platicar solo y dormir los días brillantes que lo rechazaban despierto, jurgo se quedaba en cualquier rincón cerca, rascándose  las pulgas y tirando mordidas a las moscas fastidiosas. Un día ya no regresaron a la casa desvencijada que habitaban, nadie los buscó, nadie los extrañó, solo eran un par de viejos sin familia, sin amigos y hasta sin recuerdos. Muchos años después, un niño sin amigos y de e...

El tío Martin.

El tío Martín durmió tantas noches de su vida con la Biblia como almohada que ésta, se le  incrustó en la memoria sin perder una sola de sus letras, lo malo que también se le impregnó  ese olor a libro viejo que ni toda el agua del río puede borrar ahora, y que la gente rehuye  por instinto.  El tío Martín ya camina despacio, aunque lo hace con tres piernas, pero ni con cuatro ojos  ve bien por donde va, casi siempre se le olvida el camino que lo regresa a su templo y su  jacal, aunque son las mismas calles que ha caminado  toda su vida. Hoy ya duerme en su hamaca, en el traspatio del templo, ya no  necesita tomar esas siestas  a orillas del cañaveral para tener sueños dulces al mediodía. Su templo permanece abierto todo el tiempo y los servicios religiosos se dan a la hora exacta,  aunque nadie los atienda, bueno, en realidad por sus puertas y ventanas entran el aire tibio  de las mañanas y el sonido socarrón de las cam...

La liberación de Martín

Tal vez fue la lluvia de invierno que afuera paseaba con flojera  por el jardín, por el techo de la casa, por la calle vacía y por la mirada llena de fastidio de Martín, pudo haber sido  la cara siempre enojada de su mujer o el estúpido diálogo de la telenovela en la televisión, quizás solo fue un cúmulo ya insoportable de situaciones diversas, la cosa es que a Martín le dieron ganas de salir a comprar cigarros. -.Voy por cigarros- le informó a su mujer, que sin despegar los ojos de la televisión solo atinó a gruñir. -Jumm- Cuando salió a la calle sin sombrero,  sin abrigo y sin paraguas la lluvia le dio un abrazo frío que le hizo sentirse más vivo que el cuerpo rutinario de su mujer, el aire nocturno olía a libertad y a decisión. Completamente empapado pero con una sonrisa inexplicable ingresó al agradable calor del oxxo que continuamente visitaba, esta vez ni siquiera la siempre acosadora mirada del empleado homosexual le molestó, su sonrisa continuó imperturbable, en e...

Ignorando la vida.

Cuantas veces la vida toco a su puerta? Sería imposible enumerarlas, pero ella siempre la ignoro, con una sonrisa sarcástica dejo que esta  siempre se fuera, a veces con paso triste, a veces con la cara levantada y con mucha dignidad, aunque la vida casi siempre volvía, día tras día, pero Jennifer  nunca le abría, nunca le daba una oportunidad, ni siquiera unas cuantas palabras, nada. Un día que apenas nacía, emergiendo suavemente desde el lago siempre calmado que se acoplaba al contorno de la olvidada finca, el café le supo diferente, el hambre se le había ahuyentado con un inexplicable y desconocido hastió, el amanecer que se deslizaba por las aguas y por las playas siempre solas, le pareció exageradamente aburrido. Con un brío que ella misma desconocía se metió bajo la regadera, y dejo que el agua tibia recorriera su bellísimo cuerpo, la espuma fragante y lasciva jugueteó  con su siempre imponente cabellera, por algún tiempo se olvidó de todo, sus manos jugaron un poc...